Dos son compañía en Quinta da Auga

Durante las vacaciones de Navidad he conseguido guardar unos días absolutamente íntimos entre todo el ajetreo de visitas a la familia, la mía, la de mi novio, en fin, rescatando momentos para cuidar de una relación.

Para nuestra escapada y dado que nos dirigíamos de Madrid a La Coruña, hemos decidido probar un hotel boutique con el sello Relais & Chateau llamado Quinta de Auga.

Lo cierto es que queríamos algo íntimo, y como buena fan de los tratamientos corporales una de las razones de elegirlo han sido su spa y sus terapias. He de decir que el spa es correcto, y todos los servicios fueron correctos, disfrutamos de sesiones de 1h y media en dos piscinas, una para nadar y la otra de hidroterapia.  Un jacuzzi aparte, sauna, hamman, sala de hielo y ducha de aromas, ducha de contrastes y de aceites esenciales.

Adoro los masajes, en la medida que puedo siempre los tomo y en este caso pintaba fenomenal. Para mi, que tengo la suerte de conocer muchas terapias, se convierte en algo en lo que me dejo sorprender pero no siempre sucede. La profesionalidad, el buen trato y la técnica han sido impecables. Yo tomé uno de los más fuertes, con la técnica “deep tissue” que como su nombre en inglés indica, pretende movilizar una capa profunda de la musculatura, es fuerte y si está bien realizado, completamente liberador para espaldas maltratadas por eternas horas de ordenador como la mía.

Otro de los puntos fuertes de esta escapada es el restaurante “Filigrana” absolutamente recomendable, aunque advierto que se ha de preparar la cartera. Nuestra elección de erizos de mar, jamón de bellota como entrantes y bacalao y rape negro. Acompañamos con un fabuloso Muga Reserva y cerramos con una deliciosa filloa caramelizada rellena de arroz con leche. Placeres de reyes, que a pesar de haber viajado mucho, recordaremos por especiales.

Hubo detalles que nos creaban conflicto, tan pronto nos gustaban como nos resultaban un tanto extraños, todos fruto de la decoración. En algunos áreas era un tanto sinsentido y apretujada, en un espacio que a pesar de ello nos transmitía sosiego y tranquilidad.

Lo más impresionante para mi, sin duda alguna, y quizás por venir de un abarrotado Madrid, fue la paz que se sentía gracias al absoluto silencio que se disfrutaba en las habitaciones. Además, un detalle que he valorado muchísimo, sus ventanas se cerraban tan estancamente que pude prolongar el sueño tanto como quise. Afortunadamente, abrirlas, no hacía más que mejorar la escena, porque la finca está rodeada por un río y la mañana nos presentó un doble arcoirirs, algo que solo vimos en un viaje a Hawai hace mucho tiempo y es precioso. Buenas señales para el año que comienza en breve y mucho más para un break amoroso.

2015-12-24 10.45.06

Por lo tanto, si buscáis inmersión, intimidad, bienestar y tranquilidad, esta es una buena opción en Santiago de Compostela.

 

 

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